Las galaxias giran demasiado deprisa por los bordes. Vera Rubin y Kent Ford lo midieron en Andrómeda hacia 1970 y dieron la primera prueba sólida de la materia oscura.
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Si casi toda la masa de una galaxia estuviera donde está casi toda la luz —en el centro—, las estrellas exteriores deberían orbitar más despacio, igual que Neptuno se mueve más despacio que Mercurio. Rubin y Ford, con un espectrógrafo de tubo de imagen construido por él, midieron la velocidad de rotación de M31 a distintos radios y encontraron una curva plana: las estrellas del borde iban tan rápido como las interiores.
La conclusión es que hay mucha más masa de la que se ve, distribuida en un halo extenso que no emite luz. A lo largo de la década siguiente repitieron la medida en una veintena de galaxias espirales y el resultado se mantuvo. Sigue sin saberse de qué está hecha esa materia oscura; lo que sí está bien establecido es que la necesitamos para explicar cómo se mueve lo que vemos.