Vivimos dentro de una galaxia espiral barrada cuyo disco de estrellas mide más de 100 000 años luz de lado a lado. La banda blanquecina de la Vía Láctea es ese disco visto desde dentro.
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Un año luz es la distancia que recorre la luz en un año: unos 9,461 billones de kilómetros. Atravesar nuestra galaxia de punta a punta a la velocidad de la luz llevaría, por tanto, más de 100 000 años. Y no la vemos desde fuera, sino desde dentro y casi de canto: por eso la Vía Láctea se nos aparece como una franja difusa que cruza el cielo, y no como esas espirales redondas de las fotografías.
La NASA la clasifica como espiral barrada: las galaxias de este subtipo tienen una barra de estrellas que atraviesa el bulbo central, y los brazos arrancan de los extremos de esa barra en lugar de salir del propio bulbo. Desde Torrejón, con el cielo urbano, la banda es prácticamente invisible; hace falta alejarse a un lugar oscuro en una noche sin Luna, y entonces aparece sin necesidad de instrumento alguno.