Hay un lugar en nuestra galaxia más frío que el propio universo: la nebulosa Boomerang está por debajo de los 2,7 kelvin del fondo cósmico de microondas.
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Suena imposible, porque ese fondo de radiación llena todo el cosmos y calienta cualquier cosa que esté más fría que él. La nebulosa Boomerang lo consigue con el mismo truco que un aerosol cuando se enfría al vaciarse: el gas que expulsa su estrella central sale a gran velocidad y, al expandirse, se enfría. Si la expansión es lo bastante rápida, el enfriamiento gana durante un tiempo a la radiación de fondo.
Las observaciones con el conjunto ALMA publicadas en 2013 confirmaron que ese viento ultrafrío está claramente por debajo de la temperatura del fondo, lo que convierte a la Boomerang en el lugar natural más frío que conocemos. No lo será para siempre: cuando el gas se frene y se diluya, el fondo cósmico acabará imponiendo su temperatura. En los laboratorios terrestres sí se alcanzan temperaturas mucho menores, pero solo en volúmenes microscópicos y durante instantes.