Las estrellas fugaces no son estrellas. Son partículas de polvo, muchas del tamaño de un grano de arena, que se deshacen al entrar a gran velocidad en la atmósfera.
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El nombre es un malentendido con siglos de antigüedad. Lo que llamamos estrella fugaz es un meteoro: el rastro luminoso que deja un meteoroide, una partícula de polvo o roca, al chocar contra el aire a decenas de kilómetros por segundo y vaporizarse a gran altura. La estrella sigue donde estaba.
La NASA usa tres palabras distintas y conviene no mezclarlas: meteoroide es el objeto mientras viaja por el espacio, meteoro es el destello en la atmósfera y meteorito es el fragmento que llega al suelo. La agencia estima que cada día caen sobre la Tierra unas 44 toneladas de material meteorítico, casi todo en forma de polvo. Las lluvias anuales, como las Perseidas, ocurren cuando la Tierra cruza el rastro de escombros dejado por un cometa.