Vemos con normalidad galaxias que se alejan de nosotros más deprisa que la luz. Todas las que tienen un desplazamiento al rojo mayor que 1,46 lo hacen, y no viola la relatividad.
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La relatividad prohíbe que un objeto se mueva por el espacio más rápido que la luz. No dice nada, en cambio, sobre la velocidad a la que el propio espacio puede estirarse entre dos puntos alejados. Las galaxias muy lejanas no atraviesan el espacio a esas velocidades: es la distancia que nos separa la que crece, y crece más cuanto más lejos está.
Y sí, podemos verlas. Puede parecer imposible, pero la luz que emitieron avanza hacia nosotros mientras el ritmo de expansión va cambiando, y a la larga consigue llegar. Ya en 2004 se habían observado cientos de galaxias por encima de ese umbral, y los grandes cartografiados posteriores han multiplicado esa cifra. La conclusión es tan sencilla como incómoda para la intuición: la mayor parte del universo que observamos se aleja de nosotros a velocidad superlumínica.