El cinturón de asteroides no es un campo de rocas apretadas. Si juntáramos todos los asteroides en una sola bola, pesaría menos que la Luna.
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Las películas nos han vendido un laberinto de peñascos esquivándose. La realidad es mucho más vacía: los asteroides están repartidos por un volumen inmenso entre las órbitas de Marte y Júpiter, y la separación media entre dos de ellos se mide en cientos de miles o millones de kilómetros. Un objeto del cinturón rara vez ve a otro como algo más que un punto de luz.
El tamaño también engaña. El cuerpo mayor del cinturón es el planeta enano Ceres, de unos 940 km de diámetro, seguido del asteroide Vesta con unos 530 km, y por debajo hay cuerpos de menos de 10 metros. Sumados todos, no llegan a la masa de nuestra Luna. Por eso las sondas lo atraviesan sin problema desde que la Pioneer 10 lo cruzó por primera vez en 1973: hay que apuntar deliberadamente a un asteroide para acercarse a él.