Sabemos de qué están hechas atmósferas situadas a cientos de años luz. El telescopio Webb detectó dióxido de carbono en WASP-39 b leyendo la luz que atraviesa su aire.
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La técnica se llama espectroscopía de transmisión. Cuando el planeta cruza por delante de su estrella, una fracción de la luz estelar atraviesa el borde de su atmósfera; cada gas absorbe unos colores concretos y deja una firma reconocible. En julio de 2022, el instrumento NIRSpec del Webb obtuvo así la primera detección inequívoca de dióxido de carbono en un planeta fuera del sistema solar. WASP-39 b está a unos 700 años luz, tiene 0,28 veces la masa de Júpiter y un diámetro 1,3 veces mayor.
No fue el primer gas identificado en un exoplaneta: el Hubble ya había detectado sodio en la atmósfera de HD 209458 b en 2002, el estreno absoluto de esta forma de hacer química a distancia. Lo que aporta el Webb es sensibilidad suficiente para plantearse el mismo análisis en planetas rocosos y pequeños.