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Fondo cósmico de microondas

Luz más antigua observable, liberada unos 380 000 años tras el Big Bang y enfriada hoy hasta 2,725 kelvin.


Durante sus primeros 380 000 años el universo fue opaco: estaba tan caliente que los electrones andaban sueltos y los fotones rebotaban entre ellos sin poder avanzar, como la luz dentro de una niebla espesa. Al enfriarse hasta unos 3 000 K, los electrones quedaron atrapados en núcleos formando átomos neutros —el episodio se llama recombinación— y de golpe el universo se volvió transparente. Aquellos fotones llevan viajando libremente desde entonces.

Son los que llenan hoy el cielo entero en forma de microondas. Su espectro es el de un cuerpo negro casi perfecto, el mejor medido en toda la naturaleza, con una temperatura de 2,725 48 ± 0,000 57 K (Fixsen, 2009). No están «lejos» en el sentido habitual: nos atraviesan ahora mismo, unos 400 fotones por centímetro cúbico. Arno Penzias y Robert Wilson los encontraron por accidente en 1965 al no lograr eliminar un ruido persistente de su antena de Holmdel, y recibieron el Nobel de Física en 1978.

Lo valioso no es su uniformidad, sino sus arrugas: manchas más frías y más calientes de una parte en cien mil, cartografiadas por COBE, WMAP y Planck. El tamaño típico de esas manchas depende de la edad, la densidad y la geometría del universo, así que de ese mapa salen la mayoría de las cifras que manejamos en cosmología, incluida la edad de 13 787 millones de años.

Explicado para peques

Es un resplandor muy frío que llena todo el cielo y que nos llega de cuando el universo era un bebé.

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