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Aterrizador

Módulo diseñado para posarse intacto en la superficie de otro mundo y trabajar desde un punto fijo.


El aterrizador —o módulo de descenso— es la parte de una misión que llega hasta el suelo. Debe sobrevivir a una secuencia brutal y totalmente automática: entrada, descenso y aterrizaje, que en cuestión de minutos combina escudos térmicos, paracaídas, retrocohetes, airbags o incluso grúas aéreas, según el destino y la atmósfera que tenga.

Una vez posado, trabaja desde un único lugar: mide el tiempo meteorológico, analiza el suelo bajo sus patas, escucha los temblores del interior o fotografía el paisaje. Su ventaja frente a un rover es que puede llevar instrumentos más pesados y delicados.

Dos hitos europeos ilustran la dificultad del oficio. El 14 de enero de 2005 la sonda Huygens de la ESA descendió en paracaídas sobre Titán, la mayor luna de Saturno, y devolvió las primeras imágenes de su superficie. El 12 de noviembre de 2014 el módulo Philae, de la misión Rosetta, se posó en el núcleo del cometa 67P: sus arpones no funcionaron, rebotó y acabó en una zona en sombra, aunque aún alcanzó a enviar datos científicos.

Explicado para peques

Un aterrizador es una nave que se posa en el suelo de otro mundo y trabaja sin moverse de allí.

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