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Nebulosa planetaria

Envoltura de gas que expulsa una estrella moribunda de masa intermedia, iluminada por el núcleo caliente que deja al descubierto.


El nombre es un error histórico que nadie se ha atrevido a corregir. Hace unos 250 años, William Herschel las bautizó así porque en telescopios modestos mostraban un disco redondeado y de brillo uniforme, parecido al de un planeta como Urano; nunca se pensó que lo fueran. No tienen ninguna relación con los planetas: son el cadáver luminoso de una estrella.

Se forman al final de la vida de las estrellas de masa intermedia, de entre el 80 % y ocho veces la masa del Sol. Tras la fase de gigante roja, la estrella se desprende de sus capas exteriores; el núcleo que queda se contrae y vuelve a radiar energía, que ioniza el gas expulsado y lo hace brillar con esos colores intensos que las han hecho famosas.

Son un suspiro en términos astronómicos: duran solo unos 20 000 años, así que ver una es asistir a un instante muy breve de la vida de una estrella. Al disiparse el gas queda una enana blanca. Algunas, como la nebulosa del Anillo en la Lira o la Hélice, están al alcance de telescopios de aficionado.

Explicado para peques

Es el anillo de gas que suelta una estrella al morir; no tiene nada que ver con los planetas.

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