Contaminación lumínica
Resplandor artificial del cielo nocturno provocado por el alumbrado mal dirigido. Borra las estrellas y altera los ciclos naturales.
Cuando una farola manda luz hacia arriba o hacia los lados, esa luz no ilumina nada útil: rebota en las moléculas y en las partículas del aire y devuelve un resplandor difuso que llamamos brillo de cielo artificial. Sobre ese fondo luminoso, los objetos débiles simplemente dejan de destacar.
El atlas mundial publicado por Falchi y colaboradores en Science Advances en 2016 puso cifras al problema: más del 80 % de la población mundial —y más del 99 % de la europea y la estadounidense— vive bajo cielos contaminados; la Vía Láctea es invisible para más de un tercio de la humanidad, incluido el 60 % de los europeos; y el 88 % del territorio europeo tiene noches con contaminación lumínica.
La buena noticia es que, a diferencia de otras contaminaciones, esta desaparece en cuanto se corrige la instalación. Luminarias apantalladas que envíen la luz solo al suelo, temperaturas de color cálidas (menos emisión azul, que se dispersa más y afecta a la fauna), niveles ajustados a la necesidad real y reducción o apagado en la madrugada. No se trata de apagar la ciudad, sino de alumbrar bien.
Explicado para peques
Son las luces de las ciudades que iluminan el cielo y nos tapan casi todas las estrellas.