La Luna es el mejor objeto para empezar en astronomía y también uno de los que más aguantan. No hace falta huir de la ciudad, no hace falta esperar a que la vista se adapte a la oscuridad y no hace falta un equipo caro: desde un balcón de Torrejón de Ardoz, con unos prismáticos, se ven cosas que dejan sin palabras. Lo único que hace falta es elegir bien la noche.
Y ahí llega la primera sorpresa: la noche que peor funciona es justamente la de Luna llena.
Por qué la Luna llena es el peor momento
Cuando la Luna está llena, el Sol la ilumina de frente desde nuestra misma dirección. Sin sombras, el relieve desaparece. Los cráteres se convierten en manchas claras y oscuras sobre una superficie que parece plana, como una fotografía hecha con flash directo. Además deslumbra: alcanza una magnitud aparente próxima a −12,7, y la magnitud es la escala con la que medimos el brillo de los astros (cuanto más pequeño es el número, más brillante es el objeto).
Conviene desmontar de paso una idea muy extendida. La Luna no es blanca ni brillante por sí misma: su albedo geométrico es de solo 0,12 y su albedo de Bond —la fracción de luz que de verdad devuelve al espacio— es 0,11: refleja alrededor del 11 % de la luz que recibe. Su superficie es tan oscura como el asfalto gastado; nos deslumbra solo por el contraste con el cielo nocturno.
El terminador: la línea donde nace el relieve
El terminador es la frontera entre el día y la noche lunares. Ahí el Sol está saliendo (o poniéndose) sobre el paisaje, la luz llega casi rasante y cada montaña, cada borde de cráter y cada arruga del terreno proyecta una sombra larguísima. Un cráter que en Luna llena no se distingue, junto al terminador parece esculpido.
Por eso la regla práctica de cualquier observador es sencilla: mira siempre cerca del terminador. Y como el terminador se desplaza noche tras noche, la Luna es un objeto distinto cada vez. El ciclo completo de fases —el mes sinódico— dura unos 29,53 días, así que en poco menos de un mes recorres toda la superficie visible.
Cómo elegir la noche
Se cuenta la edad de la Luna en días desde la Luna nueva. Con eso basta para planificar:
- Días 2 a 5 (creciente fina, al atardecer, hacia el oeste): el limbo oriental, con el Mar de las Crisis muy destacado. Ventana corta, porque se pone pronto.
- Días 6 a 10 (del cuarto creciente en adelante): la mejor etapa para empezar. La Luna está alta al anochecer y el terminador cruza las zonas más espectaculares.
- Días 12 a 17 (alrededor de la llena): buena para ver los sistemas de rayos brillantes, mala para el relieve.
- Días 20 a 25 (menguante, de madrugada): el mismo terreno de los días 6 a 10, pero con las sombras invertidas, al ponerse el Sol sobre él. Merece la pena madrugar una vez para comparar.
En nuestra página de la Luna puedes ver la fase de hoy, la iluminación, la edad y las horas de salida y puesta calculadas para tu ubicación, y en Esta noche tienes además el estado del cielo.
Un mapa mínimo: mares, cráteres y montañas
Los mares
Las manchas oscuras que se ven a simple vista son los mares (maria), y de agua no tienen nada: son enormes llanuras de lava basáltica solidificada que rellenaron grandes cuencas de impacto hace más de 3 000 millones de años. Son oscuras porque el basalto refleja menos luz que las tierras altas, claras y llenas de cráteres.
Con prismáticos se distinguen de sobra. El Mar de la Tranquilidad es el más famoso: allí alunizó el Apolo 11 el 20 de julio de 1969. El Mar de las Lluvias (Mare Imbrium) es el más impresionante, una cuenca de más de 1 100 km de diámetro rodeada por cadenas montañosas. Y el Océano de las Tormentas (Oceanus Procellarum) es tan grande que ocupa buena parte del hemisferio occidental visible.
Cuatro cráteres para empezar
Estos cuatro se ven bien con casi cualquier instrumento y cubren cuatro tipos distintos de paisaje. Las edades proceden de la datación de muestras y del recuento de cráteres, así que son estimaciones, no fechas exactas.
| Cráter | Diámetro | Edad aproximada | Mejor momento | Qué buscar |
|---|
| Tycho | unos 85 km | ~108 millones de años | Días 8-10 y 22-24 para el relieve; llena para los rayos | Pico central y el sistema de rayos claros, que se extiende más de 1 500 km |
| Copérnico | unos 93 km | ~800 millones de años | Días 9-10 y 23-24 | Paredes en terrazas, 3,8 km de profundidad y varios picos centrales |
| Clavius | unos 225 km | ~4 000 millones de años | Días 8-10 y 22-24 | La curva de cráteres cada vez más pequeños que cruza su suelo |
| Platón | unos 101 km | ~3 800 millones de años | Días 8-9 y 22-23 | Su suelo oscuro y liso, inundado de lava: parece un lago de tinta |
Tycho y Copérnico enseñan cómo es un impacto reciente y bien conservado; Clavius, un terreno antiquísimo machacado durante miles de millones de años; y Platón, un cráter cuyo interior borró la lava mucho después del impacto.
Montañas y valles
La Luna tiene cordilleras de verdad. Los Montes Apeninos bordean el Mar de las Lluvias durante unos 600 km, con cimas que superan los 4 km sobre la llanura; al pie de esa cordillera alunizó el Apolo 15 en 1971. Cerca, el Valle Alpino es una grieta rectilínea de unos 166 km que corta la cordillera de los Alpes lunares y que, con buen ambiente atmosférico, deja ver la fina hendidura que recorre su fondo.
Con qué mirar
Prismáticos
Unos 7×50 o 10×50 son suficientes para ver los mares, los cráteres grandes y los rayos de Tycho. El consejo más útil: apoya los codos en una barandilla o usa un trípode. El temblor de las manos se come más detalle que cualquier limitación óptica.
Telescopio
Aquí la Luna es generosa. Con un telescopio de 100 mm de abertura, el límite teórico de separación ronda 1,2 segundos de arco, y como un segundo de arco equivale a unos 1,9 km sobre la superficie lunar, eso significa distinguir detalles de apenas 2 km. En la práctica manda la turbulencia atmosférica (el seeing): hay noches en las que 250 aumentos van finos y otras en las que 100 ya emborronan. Sube los aumentos poco a poco y quédate donde la imagen sea nítida, no donde sea grande. Si quieres calcular los aumentos y el campo de tus oculares, tienes la calculadora de telescopio.
Filtros
No son imprescindibles. Si la Luna te resulta molesta, un filtro lunar de densidad neutra o, mejor, un polarizador variable (que permite graduar cuánta luz pasa) hace la observación más cómoda, sobre todo en fases avanzadas y con aberturas grandes. Los filtros de colores tienen un efecto muy sutil sobre el contraste de los mares. Y hay dos alternativas gratuitas: subir los aumentos, que reparte la misma luz en una imagen mayor, u observar cuando la Luna aún no ha salido del todo del crepúsculo, con el cielo algo iluminado.
La libración: el 59 % que sí vemos
La Luna nos muestra siempre la misma cara porque su rotación y su traslación están sincronizadas (acoplamiento de marea). Pero no exactamente la misma: como su órbita es elíptica y su eje está algo inclinado, la vemos cabecear ligeramente. Es la libración, de unos ±7,9° en longitud y ±6,7° en latitud, y gracias a ella a lo largo del tiempo llegamos a ver cerca del 59 % de la superficie lunar en lugar del 50 % exacto.
Hay semanas, por tanto, en las que el Mar de las Crisis se asoma más al borde. Un apunte de vocabulario, porque se repite mucho: lo que nunca vemos es la cara oculta, no el «lado oscuro». Esa cara recibe tanta luz solar como la que miramos.
Fotografiarla con el móvil
La Luna es brillante y grande, así que un móvil puede con ella. El método más sencillo es la fotografía afocal: acercas la cámara al ocular del telescopio, centrada y a un par de milímetros. A pulso sale, pero un adaptador de móvil multiplica el porcentaje de fotos aprovechables.
- Bloquea el enfoque y la exposición (mantén el dedo sobre la Luna hasta que aparezca el AE/AF lock) y baja la exposición dos o tres pasos: el automático siempre sobreexpone y la deja como un disco blanco.
- ISO bajo y exposición corta. La Luna es un objeto iluminado a plena luz del día; no necesita más luz, necesita menos.
- Dispara en ráfaga o graba vídeo y quédate con los mejores fotogramas. Es lo que hacen los programas de apilado, y funciona.
- Sin telescopio, usa el zoom óptico y apoya el móvil. Una foto con la Luna sobre un edificio o un árbol suele quedar mucho mejor que un primer plano borroso.
Empieza esta semana
Elige una noche entre el cuarto creciente y la llena, saca los prismáticos al balcón y busca el terminador. Localiza Copérnico. Vuelve tres noches después y comprueba cuánto ha cambiado. Con eso ya estás observando la Luna de verdad.
Si quieres dar el paso siguiente, en Cómo empezar explicamos qué instrumento comprar y cuál no, y en nuestras actividades sacamos los telescopios de la asociación para que mires por ellos antes de gastarte un euro. Trae preguntas.