
Cómo fotografiar el cielo con el móvil
Trípode, modo noche, exposición manual y apilado: guía práctica para sacar la Luna, los planetas y la Vía Láctea con el teléfono que ya tienes.
20 de agosto de 20267 min de lectura
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No hace falta telescopio. Diez objetos reales —cúmulos, nebulosas, otra galaxia y las lunas de Júpiter— al alcance de unos prismáticos desde Madrid, con su mejor mes.
27 de agosto de 20268 min de lecturapor Asociación Astronómica CosmoEstelar
Hay una idea muy extendida entre quien empieza: que sin telescopio no se ve nada. No es cierto. Unos prismáticos corrientes, de los que mucha gente ya tiene en un cajón, abren la puerta a decenas de objetos reales —cúmulos de estrellas, nebulosas, otra galaxia entera— desde un balcón de Torrejón de Ardoz o desde una cuneta de la sierra.
Tienen tres ventajas que ningún telescopio pequeño iguala: se montan en dos segundos, dan un campo enorme y muestran las dos imágenes que tu cerebro espera, una por ojo. A cambio aumentan poco, y por eso brillan con los objetos grandes y difusos, justo los que un telescopio recorta.
Hemos elegido diez. Todos se ven desde el entorno de Madrid. Para cada uno indicamos cuándo mirarlo y qué esperar de verdad, sin prometer colores que solo salen en las fotografías.
El estándar razonable es 10 × 50: diez aumentos y 50 mm de diámetro en cada objetivo. Ese 50 divide entre 10 da una pupila de salida de 5 mm, el haz de luz que entra en tu ojo; es un valor cómodo para adultos. Unos 8 × 42 pesan menos y tiemblan menos, y son igual de válidos.
El error número uno es sujetarlos con los brazos en el aire. El pulso convierte un cúmulo en una mancha temblorosa. Apoya los codos en una barandilla, siéntate y apoya la nuca en el respaldo, o usa un adaptador barato para trípode. La mejora es tan grande que parece que has cambiado de instrumento.
El segundo error es no dejar que la vista se adapte. La adaptación a la oscuridad tarda entre veinte y treinta minutos, y un vistazo al móvil la borra: pantalla en rojo y al mínimo, o al bolsillo.
Los meses que damos corresponden a la altura del objeto sobre el horizonte hacia las 21:30 hora local de Madrid (hora peninsular), calculada para la latitud de Torrejón de Ardoz (40,5° N) con astronomy-engine. Si sales más tarde, cada objeto llega a esa misma altura unas dos horas antes por cada mes que avances.
Son el objeto de prismáticos por excelencia. A simple vista se ven seis o siete estrellas apretadas en Tauro; con 10 × 50 aparecen varias decenas, azuladas y ordenadas en un dibujo que recuerda a un carrito de la compra. Ocupan casi dos grados, cuatro veces la Luna llena: un telescopio no las abarca.
Es un cúmulo abierto real, de unos 100 millones de años, a unos 444 años luz según la medida por interferometría de Melis y colaboradores (2014). En enero alcanza unos 73° sobre el horizonte a las 21:30.
La «uve» de Tauro. Están tan cerca —unos 153 años luz— que se despliegan sobre más de cinco grados, demasiado para casi cualquier telescopio. Con prismáticos caben justas, doradas y sueltas.
Ojo con una confusión clásica: Aldebarán no pertenece a las Híades. Es una estrella en primer plano, a menos de la mitad de distancia, que se proyecta por casualidad sobre el cúmulo. Los paralajes de Gaia lo dejan claro.
Dos cúmulos abiertos, NGC 869 y NGC 884, separados por medio grado, es decir, cabiendo los dos en el mismo campo. Desde un cielo oscuro se intuyen a simple vista como una mancha alargada entre Perseo y Casiopea; con prismáticos se resuelven en dos enjambres de estrellas.
Están a unos 7 500 años luz, mucho más lejos que los dos anteriores, y son jóvenes. Son circumpolares desde Madrid, así que se ven todo el año, pero suben más entre noviembre y enero (unos 73° en diciembre).
El objeto más lejano que verás sin ayuda: unos 2,5 millones de años luz. Su luz salió antes de que existiera nuestra especie.
Y aquí toca gestionar expectativas. En prismáticos no se ven brazos espirales ni color. Se ve un óvalo grisáceo, con un centro más brillante que se difumina hacia fuera. Eso es exactamente lo que es: el disco de una galaxia gigante vista casi de canto. Desde el centro de Madrid cuesta; desde la sierra, aparece enseguida dentro de la propia Andrómeda, un grado al noroeste de la estrella ν Andromedae. Su mejor momento es noviembre: a las 21:30 ya está a 81° y una hora después culmina a 89°, a menos de un grado del cenit.
La única nebulosa de gas que un principiante encuentra sin ayuda. Está en la «espada» de Orión, colgando del cinturón. Con prismáticos apoyados se ve una mancha nebulosa con forma de ala alrededor de un puñado de estrellas: son estrellas recién nacidas iluminando el gas del que se han formado.
Está a unos 1 340 años luz y es una de las regiones de formación estelar más estudiadas del cielo. Desde Madrid nunca sube mucho —culmina hacia 44° en febrero— porque está casi en el ecuador celeste, ligeramente al sur.
Cáncer no tiene estrellas brillantes, así que este cúmulo es lo único que buscar allí. A simple vista, con cielo limpio, es una nubecilla; Galileo la resolvió en estrellas con su anteojo en 1610.
Está a unos 600 años luz y cabe entero en el campo de unos prismáticos: unas cuarenta estrellas repartidas en grado y medio. Alcanza su mayor altura en abril, cerca de 69°.
En Vulpécula, entre Albireo y la constelación de la Flecha, hay diez estrellas que dibujan una percha de ropa perfecta: una barra recta y un gancho. Es probablemente el objeto que más sonrisas provoca en nuestras salidas.
Durante décadas se catalogó como cúmulo abierto. Los datos de Gaia mostraron que sus estrellas están a distancias muy distintas: es un asterismo, una coincidencia de perspectiva, no un grupo físico. Sigue siendo precioso. Culmina hacia 69° en septiembre.
El «pico» del Cisne. Es la doble más bonita del cielo: una componente dorada de magnitud 3,1 y otra claramente azulada de magnitud 5,1, separadas 35 segundos de arco.
Seamos sinceros: 35 segundos de arco están en el límite de unos 10 × 50. Con los codos apoyados o, mejor, con trípode, la mayoría de la gente consigue separarlas; a pulso suelen fundirse en una sola estrella algo ovalada. Merece el intento por el contraste de color, que en prismáticos se aprecia mejor que en un telescopio grande. Curiosamente, los datos de Gaia han puesto en duda que las dos estrellas estén ligadas por la gravedad: podría tratarse de una doble óptica.
El objeto más subestimado. Con prismáticos se ven los mares oscuros, el cráter Copérnico y los rayos brillantes de Tycho.
La clave es no mirarla llena. Con la Luna llena el Sol la ilumina de frente y todo aparece plano y deslumbrante. En cuarto creciente o menguante, la luz rasante junto al terminador —la línea que separa el día de la noche lunar— alarga las sombras y los cráteres saltan en relieve. Está a 384 400 km de media.
Ío, Europa, Ganímedes y Calisto fueron las primeras lunas descubiertas alrededor de otro planeta, por Galileo en enero de 1610. Se ven como cuatro puntitos alineados a los lados del planeta, y cambian de sitio de una noche a otra: es la observación que convence a cualquier escéptico.
Necesitas estabilidad: a pulso, Júpiter se convierte en una raya temblorosa; apoyado, los puntos aparecen. La próxima oposición de Júpiter —cuando está más cerca y visible toda la noche— cae el 11 de febrero de 2027, en la constelación de Leo, a 4,36 unidades astronómicas (una unidad astronómica = 149 597 870,7 km). Durante el otoño de 2026 sale de madrugada; a partir de enero ya es visible al anochecer.
| Objeto | Constelación | Magnitud | Mejor mes a las 21:30 | Altura a las 21:30 |
|---|---|---|---|---|
| Pléyades (M45) | Tauro | 1,6 | enero | 73° |
| Híades | Tauro | ≈ 0,5 | enero | 65° |
| Doble Cúmulo | Perseo | 4,3 y 4,4 | diciembre | 73° |
| Andrómeda (M31) | Andrómeda | 3,4 | noviembre | 81° |
| Nebulosa de Orión (M42) | Orión | 4,0 | febrero | 44° |
| Pesebre (M44) | Cáncer | 3,7 | abril | 69° |
| La Percha (Cr 399) | Vulpécula | 3,6 | septiembre | 69° |
| Albireo (β Cyg) | Cisne | 3,1 y 5,1 | septiembre | 76° |
La Luna y Júpiter se mueven respecto a las estrellas, así que no tienen un «mejor mes» fijo: dependen de la fase y de la órbita.
Un orden que funciona casi siempre:
Y anota lo que ves. Un cuaderno sencillo con la fecha, el objeto y dos frases convierte diez salidas sueltas en un aprendizaje.
Tienes las fichas completas de estos y de otros muchos objetos —coordenadas, distancia, dificultad y objeto del mes— en nuestro catálogo de cielo profundo. Y si prefieres verlos acompañado, en nuestras observaciones abiertas siempre hay prismáticos de sobra.

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