Ir al contenido principal

Menú

El abarrotado centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea, en una imagen infrarroja del telescopio Spitzer.
Ciencia

Contaminación lumínica en la Comunidad de Madrid: qué hemos perdido y cómo recuperarlo

Vivimos bajo uno de los cielos más iluminados de Europa. Qué es la contaminación lumínica, cómo se mide, qué le hace a la salud y a la fauna, y dónde encontrar noche de verdad cerca de Madrid.

26 de agosto de 20268 min de lecturapor Asociación Astronómica CosmoEstelar

Compartir

Sal esta noche al balcón en Torrejón de Ardoz, mira hacia arriba y cuenta. Con suerte llegarás a treinta o cuarenta estrellas. Tus bisabuelos, desde este mismo punto, veían miles y una banda lechosa cruzando el cielo de lado a lado. No se han apagado las estrellas: hemos encendido el suelo.

Qué es exactamente la contaminación lumínica

No es «que haya luz de noche». Es la luz artificial mal diseñada, mal dirigida o simplemente excesiva. Se descompone en cuatro problemas distintos, y cada uno se arregla de una manera:

  • Resplandor del cielo (skyglow): la cúpula anaranjada sobre el horizonte cuando te alejas de la ciudad. Luz que sale hacia arriba y que la atmósfera dispersa de vuelta.
  • Luz intrusa: la farola que entra por tu ventana a las tres de la mañana. Luz que llega donde nadie la ha pedido.
  • Deslumbramiento: focos que apuntan a los ojos y hacen ver peor. Más luz no es más visibilidad.
  • Sobreiluminación: acumular puntos de luz sin criterio, tan feo como caro.

Por qué el cambio al LED no lo arregló solo

El LED consume mucho menos por lumen, y eso es un avance real. Pero el ahorro se ha reinvertido a menudo en iluminar más, y muchas instalaciones tempranas usaron luz blanca de 4000 K o más, con una fuerte componente azul. La atmósfera dispersa el azul mucho más que el rojo —la misma física que hace azul el cielo diurno—, así que un vatio de LED blanco frío contamina más cielo que un vatio del viejo sodio ámbar. Bajar a 3000 K, o mejor a ámbar de 2200 K, reduce el resplandor sin dejar la calle a oscuras.

Cómo se mide un cielo: la escala de Bortle

En 2001, el observador John E. Bortle publicó en Sky & Telescope una escala de nueve clases para describir la oscuridad de un lugar. No hace falta instrumental: se basa en qué eres capaz de ver. Es orientativa, pero es el lenguaje común de los aficionados de todo el mundo.

ClaseTipo de cieloQué se veMagnitud límite aprox.
1Cielo excelenteLuz zodiacal visible; la Vía Láctea proyecta sombras7,6 – 8,0
2Cielo verdaderamente oscuroVía Láctea con estructura muy detallada7,1 – 7,5
3Cielo ruralVía Láctea rica; resplandor en el horizonte6,6 – 7,0
4Transición rural-suburbanaVía Láctea clara en el cénit, no en el horizonte6,1 – 6,5
5Cielo suburbanoVía Láctea débil o ausente cerca del horizonte5,6 – 6,0
6Suburbano brillanteVía Láctea solo en el cénit, y a duras penas≈ 5,5
7Transición suburbana-urbanaVía Láctea invisible; cielo grisáceo≈ 5,0
8Cielo de ciudadSe leen titulares de periódico sin linterna≈ 4,5
9Centro urbanoLuna, planetas y unas pocas estrellas4,0 o menos

La cuarta columna es la magnitud límite: el brillo del astro más débil que distingues a simple vista. En esa escala, cuanto mayor es el número más débil es el objeto, y cada unidad equivale a un factor de unas 2,5 veces en brillo. Hemos preparado un cuestionario que traduce lo que ves desde tu casa a una clase concreta: calcula la clase Bortle de tu cielo.

Cómo está el cielo de Torrejón y de la Comunidad de Madrid

Seamos honestos con nuestra propia ciudad. Torrejón de Ardoz está en la corona metropolitana de Madrid, entre la A-2, el corredor del Henares y el aeropuerto: su cielo es, orientativamente, de clase 8, y en las zonas más iluminadas se acerca a la 9. En el centro de la capital es clase 9 sin matices. El atlas mundial de brillo artificial del cielo publicado por Falchi y colaboradores en 2016 sitúa el área metropolitana madrileña entre las manchas más intensas de Europa.

Ese mismo trabajo cuantificó el problema global: el 83 % de la población mundial vive bajo cielos contaminados por luz, y la cifra supera el 99 % en Europa y Estados Unidos. Más de un tercio de la humanidad —el 60 % de los europeos— ya no puede ver la Vía Láctea desde su casa.

La tendencia tampoco ayuda. Un estudio publicado en Science en 2023 analizó decenas de miles de observaciones a simple vista aportadas por voluntarios de todo el mundo entre 2011 y 2022 y estimó que el brillo del cielo nocturno crece alrededor de un 9,6 % anual. A ese ritmo, un niño nacido donde hoy se ven 250 estrellas verá unas 100 al cumplir 18 años.

Dentro de la Comunidad hay gradiente. Hacia el norte y el noroeste las clases mejoran: los pueblos de la Sierra Norte y los rincones apartados del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama ofrecen, orientativamente, clases 4 y, en sus mejores noches mirando en dirección contraria a Madrid, algo próximo a la 3. No es Canarias, pero permite ver la Vía Láctea de verano con claridad.

Lo que la luz nocturna le hace a nuestro cuerpo

Nuestra fisiología lleva millones de años sincronizada con el ciclo de luz y oscuridad. La melatonina, la hormona que le dice al organismo que es de noche, se segrega a oscuras y su producción se suprime cuando llega luz a la retina, sobre todo de longitud de onda corta —azul—, la que emiten en abundancia las pantallas y los LED blancos fríos.

Conviene ser precisos y no exagerar. La evidencia más sólida no procede del alumbrado público, sino del trabajo nocturno: la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer clasifica el trabajo por turnos que altera el ritmo circadiano como «probablemente carcinógeno para los seres humanos» (grupo 2A). Una farola frente a la ventana no equivale a veinte años de turnos de noche. Lo que sí muestra esa evidencia es que desordenar el reloj biológico con luz tiene consecuencias medibles, y que dormir a oscuras no es una manía: es higiene.

Y a los seres que comparten la noche con nosotros

Buena parte de las especies animales tiene hábitos nocturnos. Para ellas la noche no es un decorado: es su horario laboral.

  • Insectos. Las farolas actúan como trampas: atraen a polillas y otros insectos, que giran alrededor hasta agotarse o ser depredados. Un experimento de campo publicado en Nature en 2017 comparó praderas alpinas iluminadas y a oscuras: la iluminación artificial redujo en torno a un 62 % las visitas de polinizadores nocturnos, con menos frutos como resultado.
  • Aves migratorias. Muchas vuelan de noche y se orientan con las estrellas. Los focos verticales y las fachadas iluminadas las desvían, con más agotamiento y más colisiones.
  • Murciélagos. Algunas especies evitan por completo las zonas iluminadas, lo que fragmenta sus rutas de caza tan eficazmente como una carretera.

Dónde encontrar noche de verdad cerca de Madrid

No hace falta cruzar el país. Estas son las direcciones que manejamos en la asociación:

  • Sierra Norte de Madrid (Puebla de la Sierra, Montejo de la Sierra, La Hiruela, el entorno del Atazar). Alrededor de hora y media desde Torrejón: se llega, se observa y se vuelve a dormir a casa.
  • Serranía de Cuenca: cuenta con certificación Starlight y con alojamientos preparados para observadores. Ya es plan de fin de semana.
  • Sierra de Gredos (Ávila) y los valles de su vertiente sur: horizontes despejados, muy poca población y el resplandor de Madrid a la espalda.
  • Montes de Toledo: la opción hacia el suroeste, con zonas de muy baja densidad de población.
  • Sierra Morena, en Andalucía: fuera del radio de dos horas, pero es uno de los territorios Starlight más extensos de España y merece una escapada larga.

Un consejo: importa menos la distancia que la dirección. Un mirador a 80 km al norte, con la Sierra tapando el resplandor de la capital, rinde más que otro a 120 km con Madrid enfrente.

Qué puede hacer cada uno

Las recomendaciones de DarkSky International se resumen en cinco principios que valen igual para el porche de una casa que para un polígono: que la luz sea necesaria, esté dirigida hacia abajo y apantallada, sea la mínima suficiente, esté controlada con temporizadores o detectores de presencia y sea cálida, de 3000 K o menos.

En casa: apantalla el aplique del jardín, baja la temperatura de color de las bombillas exteriores, apaga lo que no se usa y cierra las persianas del dormitorio. En el barrio: la normativa existe —el Real Decreto 1890/2008 aprobó el reglamento de eficiencia energética en alumbrado exterior, que limita el flujo emitido hacia el hemisferio superior y clasifica el territorio en zonas de protección— y un escrito bien argumentado al ayuntamiento tiene más recorrido del que parece.

Y algo que puedes hacer esta misma noche: participar en programas de ciencia ciudadana como Globe at Night, que recogen estimaciones de magnitud límite a simple vista. Fueron esas observaciones de voluntarios, y no los satélites, las que revelaron el aumento del 9,6 % anual. Contar estrellas desde tu terraza es un dato.

Es reversible, y eso lo cambia todo

Un río contaminado tarda décadas en recuperarse; un suelo, siglos. Un cielo, no. Esta es la única contaminación que se corrige a la velocidad de la luz: apantallas una farola, apagas un foco innecesario y ese trozo de cielo vuelve. Sin obras y sin esperar a la próxima generación.

No pedimos ciudades a oscuras. Pedimos luz bien puesta: más barata, más segura y capaz de devolvernos algo que fue de todos durante cien mil generaciones. Si quieres empezar a mirar en serio, pásate por nuestras observaciones públicas. Traemos los telescopios; el cielo lo ponemos entre todos.

Redactado con ayuda de IA y revisado por la asociación

Fuentes

Noticias relacionadas

El telescopio espacial James Webb, visto de frente en la sala limpia del Centro Goddard de la NASA.
Ciencia

Cómo funciona el telescopio espacial James Webb

Espejo de berilio dorado, parasol del tamaño de una pista de tenis y una órbita a 1,5 millones de km. Te explicamos cómo está hecho el James Webb y qué ha encontrado desde 2022.

27 de agosto de 20268 min de lectura

Leer