Si el Sol se sustituyera por un agujero negro de la misma masa, la Tierra seguiría en su órbita igual que ahora. Nos quedaríamos a oscuras y helados, pero nadie nos tragaría.
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Lo dice la NASA con todas las letras: los agujeros negros no aspiran nada. A cierta distancia, su gravedad es exactamente la misma que la de cualquier otro objeto con la misma masa, porque la gravedad solo depende de la masa y de la distancia. La palabra «aspirar» sugiere una succión activa que sencillamente no existe.
Lo que los hace peligrosos es otra cosa: toda esa masa está concentrada en un volumen minúsculo, así que uno puede acercarse muchísimo al centro, y ahí sí el campo se vuelve descomunal. Junto a la superficie del Sol no se puede estar más cerca del centro que unos 700 000 kilómetros; junto a un agujero negro de la misma masa, se puede llegar a tres. Caer dentro, además, exige puntería: es un blanco pequeño en un espacio enorme.